4.1.11

Pinotepa

Mi papá nació en Pinotepa, un pequeño pueblo en donde no hay nada y la gente, de vez en cuando, resuelve sus problemas con balas. Una vez fui al entierro de alguien que tuvo esa mala fortuna.

Pero durante gran parte de mi infancia me encantaba venir aquí, a estar con mis primos, salir a la calle con toda libertad, beber un eskimo de chocolate e ir a nadar a una alberca pública. 

En ocasiones hasta ir a la playa era divertido; lo malo es que no se puede nadar en el mar, pero hay una laguna (la cual huele raro en estos días).

Con el tiempo eso se volvió aburrido, algunos primos dejaron de ir y yo tenía otras razones para quedarme en Oaxaca.

Ahora venir a Pinotepa se ha vuelto algo similar a un martirio, porque son al menos 11 horas de viaje en autobús, con todas las curvas del mundo antes de llegar a las olas de calor propias de la costa chica.

Al final vale la pena, porque hay familiares que se alegran de la visita, aunque no entiendo por qué.

El inicio de éste 2011 decidí pasarlo aquí, porque tuve la oportunidad y los medios.

Mi abuela, matriarca de la familia, decidió que no habría música durante la cena, mucho menos baile. Porque teníamos que guardar luto por su cuñado de 89 años que murió hace dos semanas. 

Lo cual fue un poco incómodo. Aunado a eso llegó una tía que horas antes del año nuevo le dio un ataque de ansiedad.

Luego de fingir que todo estaba bien la familia empezó a hablar de todos los antidepresivos que toman. Desde los 21 hasta los casi 80 de mi abuela, todos hemos disfrutado del Tafil , por ejemplo. 
Si fuéramos judíos la plática pudo salir de la mente de Woody Allen. Ahora sólo deben imaginarlo hablado en costeño, con palabras entre cortadas, unos tíos borrachos y sustituyendo cada tercer palabra por "chingadera" y "pendejada".

Tío Pancho dice: "¡Adriana! Déjate de chingaderas y ve con el psiquiatra; mira te voy a dar esta medicina, pero solo la debes usar en caso de emergencia. Cuando sientas que el corazón de empieza a pendejear te lo tomas, y sigues con la chingadera que estés haciendo".

Tía Adriana: "Pero si yo estoy tomando homeopatía y eso me hace sentir bien".

Tío Pancho: "Yo fui a la universidad Adriana, yo sí estudié y lo único que te va a mejorar es medicina". (Él estudió odontología y ahora tiene un negocio de pollos).

Así continúo la plática la cual nos tenía muertos de risa a los presentes.

Así inició mi año, con mi familia, cada uno disfuncional a su modo, pero juntos. Y es cursi y trillada esa frase, pero fue muy lindo el momento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jajajajajajaja reí y mucho con esta entrada etenuaj