17.11.08

Entre un bistec y una tortilla amarilla

¿Qué amor más grande puede existir que el de un carnicero por una tortillera?

Porque no sería lo mismo con una verdulera. Si podrían lograr una dieta balanceada entre ambos. Sus hijos serían los perfectos omnívoros que disfrutarían de lo mejor del mundo de los filetes y los tonos verdes de nutrientes. 

Pero qué tal si un día la verdulera encontrará la satisfacción de otros colores y sabores con un frutero. Un sibarita de las más exóticas frutas con la gama de placeres que pueden provocar.

Él quedaría devastado sin otra consolación más que llorar sobre un chicharrón a medio comer, un último recuerdo que olvidó la verdulera antes de partir.

¿O si uno de sus hijos se volviera vegetariano? La desgracia caería sobre la familia, los amigos del rastro se burlarían hasta poner al señor rojo como un pimiento morrón de la puritita vergüenza. ¡Antes emo que conejo!- le gritaría a su hijo quien contestaría al masticar una zanahoria cruda al oído de su padre.

Por eso la relación entre un carnicero y una tortillera es complementaria (You complete me, diría Jaime McGuarro mientras con las manos representa una rebanda de jamón).

Una carne asada puede prescindir de las cebollitas de cambray, pero no de la tortilla que en dependiendo del hambre puede sustituir los cubiertos. Maíz y carne nos devuelven a tiempos primigenios, a cuando las normas sociales eran para los perfumados.

Este es un romance que ni las crisis financieras con su alza a la tortilla han podido debilitar, antes el peso que el kilo.

Porque una sincronizada no podría existir sin la carne y la tortilla.

2 comentarios:

Lala Mágica dijo...

soy tu fans...
me encantó!!!

Ariadna M dijo...

está super chido...